Enero / Junio 2020 – Sala de Exposiciones Santo Domingo de la Cruz (C/Arroyo de Santo Domingo, S/N), Salamanca.
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«Lo bonito de la vida es sentirte crecer y la prueba la tienes en la Naturaleza»
Venancio Blanco
«Todo está dicho en la Naturaleza» – Venancio Blanco – No es un modo de decir, sino una realidad inefable, cuya riqueza de contenido solo podemos advertir desde el espíritu y la sensibilidad, desde la capacidad de asombro, que es el principio de la sabiduría. Así contemplé siempre a mi padre. Verdaderamente era un privilegiado. Se detenía ante lo grande y lo pequeño, ante un motivo u otro, que captaba la atención de su mirada o de su oído, de las caricias de sus manos, porque allí latía una grandeza que él sabía descubrir, aunque no fuera evidente. Y gozaba entonces, y yo con él, atravesando un paisaje de Castilla – «¡qué luz tan bonita!», le escuché muchas veces -, atento al canto de unos mirlos o fijándose en los brotes de un rosal.
Venancio Blanco reconocía en la Naturaleza «la gran lección que nos da el Creador». En ella encontraba todas las respuestas, que incidían en su imaginario plástico. Se entiende así que expresara cómo un árbol representa la mejor enseñanza para un escultor. Paseando un día de otoño por el campo charro que le vio nacer, parándose a dibujar unas encinas secas que poblaban aquella dehesa, nos decía emocionado que ese lugar podría ser el mejor museo de escultura contemporánea.
En el recorrido de su itinerarios artístico, muy diversos pretextos del mundo natural le sirvieron para plasmar su propia idea en el bronce o en el dibujo, en la pintura. No pretendía imitar a la Naturaleza, sino más bien aprender de ella, seguir sus pasos; captar sus esencias y darles formas nuevas desde su personal lenguaje, desde la invención. Un verdadero proceso creativo, que alumbraba una nueva existencia en cada una de sus obras, plenas de vida. Son sus apuntes de flores, de vivos colores y aromas, o ya secas pero no menos hermosas, como reconocía el autor al reflexionar sobre la dimensión trascendente de morir; son sus árboles, sus encinas; los búhos y las perdices, los caballos y leones; la figura humana en sus maternidades, en los desnudos.
«¡Refúgiate en la belleza!», exclamaba mi padre en tantas ocasiones, ya fuera en el jardín de su propio taller, o al disfrutar de unas imágenes de animales, o en el campo. La Naturaleza era su entorno vital, y fue su maestra y su estímulo, su refugio…
Francisco Blanco Quintana


SENTIRSE CRECER
Enero / Junio 2020 – Sala de Exposiciones Santo Domingo de la Cruz (C/Arroyo de Santo Domingo, S/N).
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